El autocontrol emocional es una cualidad exigible en todas las profesiones. El autocontrol es la habilidad de conocer las propias emociones y de no dejarte llevar por ellas. Es decir, la habilidad de no reaccionar y de dirigir las riendas de nuestro comportamiento independientemente de las condiciones en que nos toca trabajar. ¿Es fácil? por supuesto que no, pero se puede entrenar y es muy útil para nuestro desarrollo personal y profesional.
La reacción emocional es algo natural. Es un mecanismo de defensa que tiene el objetivo de proteger nuestra integridad física o psicológica. Por ejemplo, si voy caminando por un bosque solitario y escucho una ramita de un árbol que se quiebra, mi reacción emocional instintiva es un sobresalto y la experiencia de miedo o de sobrealerta. La razón es clara: mi cerebro ha escuchado una ramita que se quebraba y de todas las posibilidades que pudieran haber producido la rotura de la ramita, se pone en la peor e imagina un peligro que me acecha, activando una respuesta denominada «huída-ataque». Resulta que la ramita se rompió por una ardilla que curioseaba por allí, pero mi cerebro ordenó a todo mi cuerpo estar preparado para la huída o el ataque.
Nuestro cerebro es un detector de potenciales peligros y las emociones son, en muchas ocasiones, la reacción primitiva de nuestro organismo a estos peligros. Sin embargo, si contenemos la reacción emocional y no nos dejamos atrapar por ella, a la que esperamos unos segundos, nuestro cerebro tendrá una segunda oportunidad para decidir el tipo de reacción más idónea ante la situación que se nos presenta delante.
Es cierto, tras una primera reacción de sobresalto, unos segundos más tarde, el cerebro está preparado para «investigar» de forma racional la causa de la ruptura de la ramita, y de reaccionar de una forma menos emocional, más lógica y adecuada a la situación.
Veamos otro ejemplo. Trabajamos como controladores de acceso a un espacio público. Por tanto, somos la «puerta de entrada» de muchas personas a un determinado establecimiento. Normalmente no pasa nada, la gente es educada y civilizada, pero…en ocasiones, nos vamos a encontrar con personas maleducadas e incluso agresivas que van a poner a prueba nuestra capacidad de autocontrol emocional.
Imaginemos que una de esas personas maleducadas se dirige a nosotros de malas maneras, con la voz un pelín más alta de lo que fuera deseable, y tratándonos de inútiles, de vagos o de cualquier cosa. Nuestra primera reacción va a ser la de «responder» de forma contundente para defenderse de una «agresión». Sin embargo, si esperamos unos segundos y resistimos la primera reacción, podremos analizar la situación y elegir la forma de reacción más adecuada a la situación que probablemente pase por hacer «oídos sordos» a los exabruptos del ciudadano mal educado, y con una amable sonrisa ponernos a disposición de la persona para ayudarle en su problema, cualquiera que sea éste.
La dificultad por controlar las conductas impulsivas generan otros comportamientos de riesgo. Esto sucede porque al tratarse de un impulso, la mente reacciona automáticamente sin atender a lo que sucede realmente.
Para controlar nuestras actitudes impulsivas es necesario tener autocontrol emocional. La clave está en la forma cómo interpretamos nuestras emociones. Según el modo en que reaccionamos frente a una emoción, nos condicionará en cómo actuará ésta sobre nosotros. Y eso no es todo ya que la mala regulación de las respuestas emocionales conlleva ansiedad o depresión. Por tanto, debemos prevenir y aprender a actuar antes que las emociones nos invadan. Saber identificar los síntomas, entender nuestro estado de ánimo y después proceder.
Como dijo Daniel Goleman, autor del libro Inteligencia emocional: “La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso, se ha vuelto un aprendizaje crucial de la vida”.
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