Inicio del curso político con los deberes por hacer

Iniciamos septiembre, e iniciamos un nuevo curso político marcado por los mismos problemas que abordábamos antes de agosto. Por un lado, continúa el genocidio de palestinos, alrededor de 40.000 muertes directas que se podría cuadruplicar según la revista británica “The Lancet” si consideramos los muertos indirectos a causa de enfermedades, falta de atención médica y otras causas. Situación, en cualquier caso, intolerable para la clase trabajadora mundial, pero ante la cual la mayoría de gobiernos no solo miran para otro lado, o condenan tímidamente, sino que incluso colaboran activamente con la venta de armas y la financiación del Estado sionista asesino de Israel.

El panorama bélico no se detiene y en el caso de la guerra de Ucrania, al que hasta ahora nos podíamos referir como la invasión rusa en Ucrania, ahora ya no es así, tras la invasión ucraniana de territorio ruso y el ataque con misiles estadounidenses. Ambos conflictos, el genocidio palestino y la guerra de Ucrania tienden a agravarse y a extenderse, con las consecuencias de más muertes, más sufrimiento para la población civil, más destrucción y también, consecuencias económicas que afectan al conjunto de economías occidentales con efectos negativos para la clase trabajadora. Una economía de guerra que va en detrimento del coste de la energía, del transporte, de la alimentación, y de los servicios públicos y los salarios. El dinero que va a la compra de armas para alimentar la guerra no se dedica a lo que necesita la mayoría social.

Siguiendo en el panorama internacional, uno de los protagonistas del mes ha sido el conflicto electoral en Venezuela ante el que, parece ser, todos los estados pueden intervenir siempre que sea en favor de la oposición de extrema derecha y en contra de Maduro. Como Zapatero ha manifestado, la situación en Venezuela exige prudencia porque se trata de un asunto de gran complejidad. Si bien es cierto que Maduro tiene que publicar las actas, no es menos cierto que los intereses de la oposición son los de vender los recursos del país al mejor postor en contra de los intereses de la mayoría social venezolana. Tampoco Maduro está exento de sucumbir a las exigencias de los mercados. Recordemos que las negociaciones de Maduro con Biden iban también en la línea de privatización de los recursos naturales así como la celebración de estas elecciones. Parece que lo más sensato en este conflicto que tiene como objetivo quién vende mejor es que todo el mundo saque sus narices de Venezuela.

La otra gran protagonista del verano ha sido Kamala Harris, bendecida por la convención demócrata del 19 de agosto, en un clima de protesta civil ante la posición de la administración Biden, de la que Kamala es parte, como principal financiador del gobierno Israelí para perpetrar el genocidio en Palestina. La señora Harris ha sido elegida como candidata a la presidencia de Estados Unidos en las próximas elecciones de otoño frente al candidato republicano Donald Trump, pero para ello deberá revertir no solo la posición de la Administración Biden en relación a Israel, sino abordar los verdaderos problemas que afectan a la clase trabajadora estadounidense.

En el panorama español, la guerra sucia de las derechas contra el gobierno presidido por Pedro Sánchez continua en auge, con la colaboración activa de los jueces franquistas, y de los medios de desinformación al servicio de los intereses de la derecha. La inmigración, la vivienda y el modelo de financiación catalán serán los caballos de batalla que el PP utilizará para continuar con su política de desgaste».

El desgaste al que la derecha somete al gobierno de coalición presidido por Pedro Sánchez (cuya investidura fue propiciada por todos los grupos antifranquistas) también se ha llevado al terreno de las negociaciones en Cataluña para la investidura del President Illa.

Tal y como adelantábamos en el Tribuna Socialista del mes de Julio, el pleno de investidura de Salvador Illa se celebró los primeros días de agosto. Concretamente, en la mañana del martes 7 de agosto la Diputació Permanent del Parlament se reunió para convocar la sesión de investidura del candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat, Salvador Illa, que se llevó a cabo el jueves 8 de agosto.

Fue una sesión compleja precedida del lamentable e indigno espectáculo que nos brindó el efímero regreso y posterior huída de Puigdemont, adornado con una moción de Junts para aplazar la investidura debido a una presunta orden de detención de Turull que resultó ser falsa. Incluso los medios más afines a Junts criticaron abiertamente estas esperpénticas tretas que, lejos de conseguir su objetivo de aplazar la investidura, intentaban ridiculizar a los mossos de escuadra y convertir el pleno de investidura del Parlament de Catalunya en un espectáculo circense al servicio del puigdemontismo. Al margen de estos hechos, el Pleno se celebró con la normalidad democrática y protocolo que requería la investidura de Salvador Illa como 133º President de la Generalitat de Catalunya, con los votos favorables de los diputados y diputadas del PSC, ERC i Comuns que sumaban los 168 votos necesarios para su elección.


La consecución de esa mayoría para la investidura vino precedida de sendos acuerdos con ERC y los comuns. Acuerdos que significaban el desbloqueo a los socialistas y que permiten a Illa elegir un gobierno que gobierna en minoría y que tiene como objetivo cumplir con los compromisos electorales adoptados por el PSC y cumplir con lo acordado con los grupos que favorecieron la investidura, de los cuales, el que más ampollas ha levantado entre los de siempre es el de “la financiación singular”.

Lo pactado ni rompe con la solidaridad con el resto de comunidades ni se sale de la legalidad establecida en el Estatut de Autonomía de Catalunya. Lógicamente, es un modelo de financiación singular, porque Catalunya ejerce competencias que no tienen otras autonomías, pero nada quita que ese modelo singular no pueda pluralizarse de forma progresiva. El “café para todos” que supuso en un momento histórico complejo el estado de las autonomías debe evolucionar hacia un modelo de financiación federal que tenga en cuenta las singularidades y necesidades de los diferentes territorios, aunque para este comité de redacción, solo si avanzamos con un horizonte de república podremos hacer posible el encaje territorial de los pueblos y el progreso colectivo de la clase trabajadora.

En relación al modelo de financiación singular, Salvador Illa ha expresado que “Catalunya puede ayudar a mejorar España y es uno de mis objetivos (…) . La mejor solidaridad con el resto de ciudadanos españoles es hacer políticas que mejoren la educación, la sanidad y la seguridad. (,,,) En un momento de discursos de extrema derecha que juegan con el miedo, la manera de combatir eso es atacando el problema de la seguridad, la vivienda, los servicios públicos con políticas serias, solventes y los recursos adecuados”.

Como decíamos antes, el acuerdo de investidura de Salvador Illa molesta a los de siempre. ¿Quiénes son los de siempre? Obviamente, la extrema derecha y la derecha que representa Feijoo (que, por cierto, vaticinó que el PSC haría presidente a Puigdemont). La derecha que, fiel a su estilo trumpista, sigue sin aceptar la legitimidad democrática del gobierno presidido por Pedro Sánchez gracias a los acuerdos de investidura de todos…excepto las derechas centralistas de corte nacional-católico del PP y VOX.

Lamentablemente, “los de siempre” también incluye a los llamados barones: García-Page, Lambán … a los que se suma Josep Borrell, cada vez más empoderado en su papel de portavoz de los intereses de la OTAN en la Unión Europea (y no al revés); que no tiene bastante con desmarcarse de la prudencia de Zapatero ante el conflicto en Venezuela, y se alinea con las posiciones de la oposición venezolana y de Estados Unidos….y saliendo a la palestra, sin venir a cuento, para contradecir públicamene a la ministra de hacienda Isabel Montero en relación a la legalidad de la financiación singular de Catalunya.

Esos “hombres de Estado” que se autodenominan socialistas, alineados con las posiciones de la derecha, como siempre, para intentar debilitar a un gobierno progresista que plantea vías que desencorsetan al Estado plural de la trasnochada “Una, Grande y Libre”.

La izquierda plural de nuestro país debe cerrar filas a favor de las medidas legislativas orientadas a los intereses de la mayoría social, y en contra de quienes quieren dividirnos para acabar con el gobierno de Pedro Sánchez al que la derecha económica, política y social continúa negando la legitimidad democrática que la mayoría social le ha conferido; y el gobierno debe hacer sus deberes, sin dejan las decisiones a medias, como la derogación de las reformas laborales, por citar un ejemplo.

Baltasar Santos


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