
La muerte es ese tema que todos intentamos evitar. Nos recuerda malos momentos, enfermedad, sufrimiento, pérdida, duelo. Sin embargo, es algo por lo que todos tenemos que pasar en primera persona. Así que en este artículo voy a hacer dos cosas.
La primera, escribir un relato corto sobre el tema ¿qué haría si supiera que hoy es el último día de mi vida?. La verdad es que nunca me lo había planteado, supongo que como la gran mayoría,
Después del relato, paso a la parte menos literaria y más científica de la cuestión, con resumenes de algunas de las publicaciones más interesantes sobre cómo vivir el último día.
Baltasar Santos
Técnico de Experiencia de Paciente.
Relato corto
El despertador sonó a las seis.
Lo apagó y permaneció un instante mirándose en el espejo. Entonces recordó la sentencia que los estoicos repetían como un golpe seco contra la ilusión de permanencia: memento mori. Recuerda que morirás.
Pensó que aquel podía ser su último día.
Decidió no desperdiciarlo.
Apagó el teléfono. Ningún correo urgente, ninguna reunión, ningún trámite tenía ya el peso suficiente para ocupar su tiempo. Demasiadas vidas terminan en una cama de hospital con la misma frase suspendida en los labios: trabajé demasiado y viví demasiado poco.
Tomó una hoja y un bolígrafo. No intentó despedirse de nadie en particular. Sería inútil. Escribió una sola carta para todos: agradecía la extraña fortuna de haber compartido con ellos el breve paréntesis de existir y les deseaba el valor de dedicar sus días a lo importante.
La dejó sobre la mesa, junto al teléfono y su contraseña.
Salió a la calle. Había llovido. Cerró los ojos y respiró el olor profundo de la tierra mojada. Por primera vez en años sintió que el mundo no era un lugar por el que pasar deprisa, sino algo que merecía ser habitado.
Condujo hasta la playa. El mar tenía ese olor antiguo que parece venir de antes de los hombres. Permaneció allí un rato, mirando cómo las olas repetían pacientemente el mismo gesto desde hacía milenios.
Después se internó en una pineda cercana. Abrazó el tronco rugoso de un pino alto. No sabía por qué lo hacía, pero sintió que de algún modo debía despedirse también de la tierra.
Al caer la noche regresó a casa. Ordenó la cocina, dobló la ropa, dejó todo limpio. Como quien devuelve una habitación prestada.
Salió a la terraza.
El cielo estaba lleno de estrellas.
Entonces comprendió algo que le hizo sonreír: la felicidad nunca había sido un premio lejano ni un destino difícil. Había sido siempre una decisión sencilla que él había pospuesto demasiadas veces.
Sintió gratitud.
Se acostó en la cama con una serenidad nueva, casi luminosa.
Y durmió.
A la mañana siguiente, el despertador volvió a sonar.
Balta Santos.
¿Qué se ha dicho sobre el tema?
Aquí van algunas de las fuentes en las que me he inspirado para este relato. En ellas encontrarás diversas perspectivas, testimonios y relatos reales que abordan el concepto de «el último día de mi vida». Estos textos utilizan la proximidad de la muerte no como algo morboso, sino como una herramienta para vivir con mayor autenticidad y plenitud.
1. El ejercicio reflexivo de Francesc Prims («El último día de mi vida»)
En su artículo homónimo, el autor Francesc Prims propone un ejercicio mental inspirado en el chamanismo (que usa a la muerte como «consejera»): imaginar cada día que ese será el último de tu vida en la Tierra. A través de este relato íntimo, Prims llega a varias conclusiones:
- Lo absurdo de los logros superficiales: Ante la inminencia de la muerte, la necesidad de conseguir cosas, el trabajo excesivo o la herencia material pierden su valor, haciendo que uno se centre más en lo interno.
- Momentos significativos vs. Momentos puente: Prims se da cuenta de que pasamos mucho tiempo en «momentos puente» (trámites prácticos y rutinarios) alejados de la vida real. En su «último día», valora profundamente los breves segundos de conexión real (con la naturaleza, al mirar a alguien a los ojos, etc.) porque son los que verdaderamente dan sentido a la existencia.
- Aprender a amar: Su relato concluye con una sensación de gratitud y reverencia hacia el mundo. Reflexiona que la fragilidad de nuestra existencia física tiene como propósito principal enseñarnos a amar y a desarrollar la compasión antes de pasar a otro plano.
2. Las epifanías de los moribundos (Bronnie Ware)
La enfermera australiana Bronnie Ware trabajó en cuidados paliativos acompañando a pacientes en las últimas 12 semanas de sus vidas. Al preguntarles qué cambiarían o de qué se arrepentían en sus últimos días, documentó «Los 5 principales arrepentimientos de los moribundos»:
- «Ojalá hubiera tenido el valor de vivir una vida fiel a mí mismo, no la que otros esperaban de mí» (el lamento más común, al ver cuántos sueños quedaron sin cumplir).
- «Ojalá no hubiera trabajado tan duro» (un arrepentimiento presente en todos los pacientes varones, quienes sentían haber perdido la juventud de sus hijos y la compañía de sus parejas).
- «Ojalá hubiera tenido el valor de expresar mis sentimientos».
- «Ojalá hubiera mantenido el contacto con mis amigos».
- «Ojalá me hubiera permitido ser más feliz» (al final se daban cuenta de que la felicidad es una elección y no un hábito atrapado en la zona de confort).
3. El relato real de Randy Pausch («La última lección»)
El libro The Last Lecture relata la historia del profesor de la Universidad Carnegie Mellon, Randy Pausch. Tras recibir el diagnóstico de un cáncer de páncreas terminal que le dejaba solo entre tres y seis meses de vida, Pausch decidió dar una conferencia final. En lugar de centrarse en su inminente final, dedicó su exposición a «Cómo alcanzar realmente los sueños de tu infancia». Su lección se convirtió en un manual sobre cómo vivir la vida con entusiasmo, superar obstáculos y ayudar a otros a cumplir sus sueños, dejando este mensaje como un legado definitivo para sus tres hijos pequeños.
4. La perspectiva de Steve Jobs
Un célebre relato relacionado con este tema es el discurso de graduación de Steve Jobs en Stanford en 2005, citado en una tesis sobre Memento Mori. Jobs afirmó: «Recordar que pronto estaré muerto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de la vida». Para él, pensar en el último día hacía que todas las expectativas externas, el orgullo o el miedo al fracaso desaparecieran, dejando solo lo que realmente importa e impulsando el valor de seguir al propio corazón. Busca el discurso en youtube si no lo has visto antes.
5. El trasfondo filosófico (Memento Mori y Carpe Diem)
El estoicismo, fuertemente representado por Séneca, propone superar el miedo a la muerte y vivir cada día como si fuera el último, convirtiendo el dolor y la preocupación en gratitud por el presente.
De modo paralelo, el tópico latino Carpe Diem («aprovecha el día»), acuñado por Horacio, y el Memento Mori («recuerda que morirás»), nos exhortan a disfrutar del presente y actuar con vitalidad, despertándonos del letargo del día a día al hacernos plenamente conscientes de que nuestro tiempo es finito.
6. La perspectiva budista
La muerte como clave de la vida y la meditación constante. La filosofía budista considera que la muerte es la clave para entender el misterio de la vida. Por ello, exaltan las virtudes de meditar de manera consciente en el pensamiento maranam bhavissati, que significa «la muerte tendrá lugar». Un ejemplo práctico de esto se observa en Bután, donde muchas personas, siguiendo esta tradición budista, practican la meditación sobre la muerte cinco veces al día para mantenerse conectadas con el valor del presente.
La fragilidad humana como base de la compasión: Se considera que la fragilidad de nuestra encarnación física y la certeza de nuestro final tienen como propósito dar lugar a un gran amor. De hecho, esta fragilidad compartida es la base misma de la compasión, la cual es la actitud por excelencia que los budistas intentan desarrollar para llegar a su más alta realización. Al ser conscientes de la proximidad de la muerte, podemos llegar a compadecernos y amarlo todo, incluso a nuestros propios enemigos.
Una visión trascendental para superar el miedo: Las enseñanzas budistas fomentan la adopción de una visión más amplia y grandiosa del universo al momento de considerar la muerte. Esta perspectiva ayuda a las personas a no quedarse estancadas en los miedos limitados y mezquinos sobre su propio destino individual.
En resumen, en lugar de evadir la idea del último día, el budismo la integra a la vida diaria mediante la meditación para generar una compasión profunda y universal hacia todos los seres vivos y liberarnos del miedo.
Y tú, ¿has pensado que harías si supieras que hoy es el último día de tu vida?.
Memento Mori.
Descubre más desde Balta Santos
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario