
¿Alguna vez has tomado una decisión importante y, al mirar atrás, te has preguntado qué te empujó realmente a elegir ese camino? A menudo, vivimos bajo la creencia de que tenemos el control absoluto de nuestras elecciones. Sin embargo, cabe preguntarnos: ¿somos verdaderamente conscientes de todos los factores que nos influyen a la hora de tomar una decisión?.
El aclamado programa de divulgación científica Redes, dirigido por Eduard Punset, abordó precisamente este fascinante enigma bajo un título muy revelador: «Sabemos que no sabemos lo que decidimos». También la célebre canción de Trash-Metal «Master of Puppets» (una de mis favoritas) nos califica a los seres humanos como títeres manejados por los antojos de un «señor», un «master», nuestro inconsciente no racional. Aunque la canción de Metallica se centra más en las adicciones basadas en las drogas duras como la cocaína, o la heroina, el ciclo de la adicción es muy semejante a la adicción al teléfono móvil, al cigarrillo después de comer, comprar lo que no necesitas o cualquier otro hábito.
La creencia popular, respaldada y compartida tradicionalmente por muchos economistas, es que los seres humanos actuamos como máquinas racionales. Solemos pensar con total seguridad que nuestras decisiones están fundamentadas en razonamientos fríos, lógicos y calculadores. Creemos que, ante un problema, evaluamos los pros y los contras con total objetividad antes de dar el paso. Lo piensan los economistas cuando valoran los riesgos de una determinada decisión, y lo piensan muchos médicos y psicólogos que en el tratamiento de una adicción solo tienen en cuenta la objetividad de una decisión lógica pero no los aspectos emocionales o inconscientes que están influyendo en la decisión de consumir.
Pero la realidad científica nos da un baño de humildad: no podríamos estar más equivocados.
Tal y como hemos explorado en nuestros artículos anteriores sobre el subconsciente, los sesgos y el «piloto automático», la idea de que somos seres puramente lógicos al decidir es una ilusión. Detrás de cada elección que consideramos «racional» operan multitud de factores invisibles (nuestro propio «Master of Puppets» que escapan a nuestro radar consciente Como confirmaba la sinopsis de Punset, existen infinidad de condicionantes —desde nuestros instintos más primarios hasta las emociones ocultas del momento— que mueven los hilos de nuestro comportamiento en la sombra sin que nos demos cuenta. Veamos algunos ejemplos:
- Mirar el teléfono móvil constantemente: Puedes pensar «voy a mirar Instagram un segundo porque me apetece», creyendo que es una elección consciente. Sin embargo, la mayoría de las veces es un hábito inconsciente y un deseo compulsivo (craving) impulsado por la necesidad de una recompensa rápida de dopamina ante el menor estímulo de aburrimiento. El master of puppets que te maneja es la búsqueda de recompensa en las cosas externas a tí.
- Comer por estrés (hambre emocional): Vas a la nevera pensando «decido comerme este dulce porque me lo merezco tras un día duro». En realidad, no es una decisión racional frente a una necesidad física, sino tu subconsciente reaccionando automáticamente para intentar tapar o aliviar una emoción incómoda, como la ansiedad o el vacío. Tu master of puppets ha decidido que pienses que te lo mereces, y actúes en consecuencia.
- Comprar para ser felices (adaptación hedónica): Decides comprarte un coche nuevo, el último modelo de teléfono o ropa de marca, argumentando lógicamente por qué lo necesitas. En el fondo, esta decisión suele estar condicionada por la comparación social con los demás o por el deseo primario de buscar seguridad y placer externo, olvidando que esa satisfacción se desvanecerá rápidamente. Eso lo saben bien los CEOs de las grandes cadenas de distribución, los profesionales del márketing y neuromarketing, y los publicistas en general. Conocen a la perfección que nuestro amo, nuestro master of puppets cuando compramos de forma compulsiva es puramente inconsciente.
- Decir «sí» cuando quieres decir «no»: Aceptas un plan o un favor creyendo que decides ser amable y cortés. Sin embargo, muchas veces esta decisión está dictada por un miedo inconsciente al rechazo, la sed de aprobación social o el deseo de evitar conflictos, lo cual rompe tu propia coherencia emocional. Quien meja nuestra mente, quien dice sí cuando quiere decir no es ese «master of puppets» que representa nuestra sed de ser aceptados por los demás.
- Saltar a la defensiva en una discusión: Respondes de forma tajante o agresiva ante una crítica creyendo que «has decidido defender tu postura porque tienes la razón». En verdad, estás sufriendo un secuestro emocional: tu subconsciente ha percibido una amenaza y ha activado un programa automático de supervivencia grabado en el pasado. Quien meja nuestra mente, quien toma esta decisíón no eres tú, es tu «master of puppets» esa necesidad aprendida de ser perfecto, no ser criticado ni cuestionado.
En todos estos casos, lo que consideramos una «decisión libre» es simplemente una reacción condicionada por nuestros instintos, emociones no gestionadas y sesgos cognitivos.
Aceptar que muchas veces «no sabemos lo que decidimos» no es un motivo para fustigarnos o tirar la toalla, sino el primer paso hacia el verdadero autoconocimiento. Es una invitación a bajarnos del pedestal de la supuesta racionalidad perfecta y empezar a observarnos con más curiosidad. Solo al reconocer que nuestra mente es vulnerable a factores irracionales, podemos empezar a aplicar la pausa consciente y el mindfulness para recuperar, poco a poco, el verdadero timón de nuestra vida, cortar los hilos que nos une a ese Señor que nos maneja a su antojo, como a una marioneta.
Baltasar Santos
Psicólogo clínico
Descubre más desde Balta Santos
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario