El espejismo del empleo: todo el mundo trabaja pero para todo el mundo el salario es insuficiente.
Aunque la economía española presume de récords históricos de empleo y de un crecimiento macroeconómico sólido, la realidad en el bolsillo de los trabajadores es muy distinta,. Según datos recientes de la OCDE, los salarios reales en España (ajustados a la inflación) han crecido un escuálido 2,76% entre 1994 y 2024, un avance ridículo si lo comparamos con el 30,8% de media en los países de la OCDE,. Lejos de mejorar rápidamente, en el tercer trimestre de 2025 los salarios reales en España seguían siendo más de un 2% inferiores a los niveles de principios de 2021.
Este fenómeno, conocido como el «gran desacoplamiento», evidencia que la riqueza generada no se está trasladando a los sueldos.
Especialmente grave es el caso de la juventud, condenada a la terciarización de la economía y a los salarios precarios, tienen que afrontar también el acceso a una vivienda que es hoy día imposible. Para romper este bucle de empobrecimiento, España necesita abordar urgentemente dos grandes asignaturas pendientes:
1. Una reindustrialización real y ambiciosa El estancamiento salarial tiene un claro culpable: la baja productividad derivada de nuestro modelo económico. En las últimas décadas, el peso del sector industrial en el empleo ha caído a plomo, pasando del 22% al 12,5%,. Hemos sustituido la industria por una fuerte dependencia de servicios de bajo valor añadido, como el turismo y la hostelería, que generan empleos precarios y mal remunerados. Irlanda, por ejemplo, apostó por sectores tecnológicos y farmacéuticos y ha visto crecer sus salarios reales un 60% en el mismo periodo,. Necesitamos políticas que impulsen la inversión en I+D+i, la innovación y la creación de industrias que ofrezcan puestos de trabajo de mayor calidad,. Sin más valor añadido por hora trabajada, será imposible subir los sueldos de manera sostenida.
2. Redistribución de la renta y negociación colectiva Crear riqueza no basta; hay que repartirla. Actualmente, el 12% de los trabajadores en España vive en la pobreza laboral. Aunque las subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) —que ha crecido casi un 60% desde 2018— han sido un salvavidas esencial para proteger los ingresos más bajos frente a la inflación,, las medidas siguen siendo parciales. Es imperativo que los sindicatos organicen a los trabajadores para aumentar su capacidad de exigir mejoras. Es necesario una patronal que priorize la innovación y la productividad a la especulación y la explotación laboral. Un reparto justo de la renta requiere que los beneficios empresariales derivados de los incrementos de productividad lleguen verdaderamente a la mayoría social, mediante mejores convenios e instituciones más fuertes.
No es posible sostener un Estado de bienestar sobre una base salarial cada vez más débil. Es hora de actuar con un plan estructural que aúne formación, tecnología, reindustrialización y justicia redistributiva para descongelar unos sueldos que llevan treinta años en la nevera,.
Baltasar Santos
Primer Secretario PSC el Vendrell
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