A la ultraderecha no se le vence con miedo sino con políticas de izquierda

Los Estados Unidos de América, a cuatro meses de las elecciones presidenciales, se debaten entre un Presidente con signos evidentes de deterioro cognitivo o un Presidente delincuente, declarado culpable de 34 delitos graves. Ese es el panorama que tienen ante sí los estadounidenses.

Un dato aleccionador: Los votos «no comprometidos» (Uncommitted votes) del partido demócrata superan los 500.000. Es decir, se trata de votos demócratas que no están de acuerdo con la gestión de Biden. Las causas son fundamentalmente:

  • El apoyo a Israel en el genocidio al pueblo palestino.
  • La represión a los jóvenes estudiantes que han protestado contra el apoyo de Biden a Israel
  • La ausencia de políticas sociales: sanidad, educación,

Isaac Jiménez, miembro de Democratic Socialists of America (Socialistas Democráticos de Estados Unidos) ha declarado lo que es obvio: «muchos demócratas no están en absoluto en sintonía con el Partido Demócrata”.

Hace un año, en junio de 2023, The New York Times publicaba el artículo “El sistema de salud de EE.UU. está averiado ¿Cómo podemos mejorarlo?«. Su autor, Aaron E. Carroll, decía “A pesar de que acabamos de experimentar una pandemia en la que han muerto más de un millón de estadounidenses, la reforma sanitaria no parece ser ahora mismo una prioridad política en Estados Unidos.

Helena Villar, en su libro “Esclavos Unidos de América”, da algunas cifras que clarifican en favor de qué clase social se gobierna y de favor de cuál no se gobierna: “Sin salir de Nueva York, el 34% de quienes fallecían eran hispanos, pese a representar el 29% de la población. Una desproporción también significativa en el caso de los afroamericanos. Así, los pacientes en el Bronx registraban el doble de probabilidades de morir por coronavirus que el resto de la ciudad. En Chicago, donde el 30% de sus habitantes son afroamericanos, 70% era la tasa de fallecimiento por la covid-19, y Nueva Orleans, con un 65% de ciudadanos pertenecientes a esa minoría, era una de las que encabezaba las tasas de mortalidad del país. Puede que un virus no entienda de clases o razas, pero sí de la vulnerabilidad ante el mismo.”

En una situación de creciente desafección de los demócratas con respecto a las políticas del propio partido demócrata, parece que Donald Trump parte como claro favorito, con un discurso cargado de racismo y nacionalismo excluyente. Vuelve la extrema derecha a USA. Ante la incapacidad de dar respuestas y alternativas a las necesidades de la mayoría social, la extrema derecha se aprovecha, buscando culpables, prometiendo exclusión y más liberalismo económico». Así ha pasado en Argentina, así ha pasado en Francia, aunque el cordón sanitario de la derecha macronista y el NFP puedan evitar el gobierno de la ultraderecha, así puede pasar en Alemania o en España si se abandonan los servicios públicos y siguen aumentando los gastos militares.

Es de sentido común: a la extrema derecha no se le combate con políticas de derecha, sino con políticas de izquierda. Eso es lo que la administración Biden no ha entendido o no ha querido entender , y han aplicado las mismas recetas que hubiera administrado Trump: belicismo, apoyo a Israel, ausencia de derechos sociales… Ojo, qué puede pasar en el resto de gobiernos progresistas del mundo.

Si los británicos han tumbado a los conservadores en las elecciones del 4 de julio por haber destrozado la Sanidad Pública, en los EE.UU, los estadounidenses tienen motivos para echar al Partido Demócrata y al Partido Republicano y no volverles a votar en cien años.  El pueblo estadounidense no tiene cobertura sanitaria. La legislación educativa es de mínimos, las pensiones también, salvo que tengas un seguro de pensiones privado…es decir, no tienen una red de servicios públicos que cubran las necesidades vitales de la mayoría. Sin embargo, dedican a armamento 886 mil millones de dólares (más que 12 países juntos: China+Rusia+India+Alemania+Australia+Gran Bretaña+Arabia Saudí+Francia+Corea del Sur+Japón+Italia y Canadá).

Revertir esa posición del partido demócrata es urgente, para la mayoría social de Estados Unidos, y también para construir una sociedad en paz y con servicios públicos dignos.

               


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